del amor único
por la perecedera libertad del multiple deseo?
O
¿Sólo es que esto no existe y nada hay que preguntarse?
Dímelo tu, dímelo ya

Me levanto, orino, regreso a mi cuarto y realizo el ritual matinal sin cambios significativos. Ducha, desayuno, mirarse al espejo, salir, caminar por la calle. Todo parece tan común. De repente: desasosiego.
Es viernes y la ciudad se siente sin esclerosis. Se anda sin estrés, con libertad. El metro está casi vacío. El paísaje es inusual, parece que fuera un día feriado. Más desasosiego: ¿Será sábado y de nuevo perdí la cuenta de los días, estaré volviendome un autómata?. Pienso en la llamada matutina, se me ponen los pelos de punta.
¡Tuvimos un sirenito, justo al año de casados....! el ruido infernal de una mochila estéreo y el agudo grito de: !Los grandes éxitos de la cumbia en formato mp3! me sacan de mi paranóico letargo. Tacubaya dicen los letreros, hay que bajar.
Doy unos cuantos pasos sobre el andén, subo las escaleras. El ambiente es distinto, la gente se mira con reticencia, no se acercan los unos a los otros. Ansiedad: me detengo al ver que llevan cosas azules en la cara. Cubrebocas por doquíer. No me atrevo a preguntar, camino rápido y confundido.
Pasos adelante un hombre vocea el títular de Metro: !Influenza Porcina ataca la ciudad! ¡Sesenta muertos es la cifra! ¡No toque a nadie! ¡Aléjese de las personas! !Corra por su vida¡
Histeria: comienzo a correr, tropiezo y el suelo recibe mi cabeza con sonoro azotón. Negro. Gris. Borroso. Entreabro los ojos y se ha formado un tumulto a mi alrededor, me tallo los ojos, no comprendo nada de lo que dicen. Sólo hay chillidos ininteligibles. Terror: por fin comprendo la llamada telefónica. Justo antes de volver a desmayarme distingo que los cerdos con ropa y cubrebocas se abalanzan sobre mi.
Casinos en Monte Carlo, palacetes en los balcanes, nuncios apostólicos, sociedades secretas, magnates codiciosos, imperios malvados. Sensualidad, sexo, sucias y bajas pasiones, pero sobre todo lo anterior hay una característica subyacente que resulta muy reveladora de la naturaleza humana, a saber: la perturbadora y a la vez tranquilizante idea de que nada es coincidencia.
En todas ellas existen grupos maquiavélicos etéreos y brumosos que se nos muestran inasibles o inalcanzables y que indudablemente, a pesar de su inmaterialidad, tienen todas y cada una de las variables bajo su control. Ya sea el gobierno de la URSS, Al Qaeda, el priorato de Sión o los Illuminati, todos tienen los recursos e inteligencia suficiente para subyugar al mundo entero a sus oscuras y egoístas intenciones
No pocas veces en la historia estas invenciones han encubierto verdaderas y nefastas conflagraciones. Los Nazis se aprovecharon ampliamente de la teoría del priorato de Sión. En ella se acusaba a los judíos del mundo de preparar su sumisión por medio del sistema financiero global. Con esta teoría y algunos otros artilugios propagandísticos se exterminó y torturó a millones de personas.
Aunque no hace falta ir tan lejos en el tiempo y el espacio. No hace mucho fuimos testígos de uno de los más Orwellianos casos en que un personaje de libro vaquero intentó vendernos la idea de un complot en su contra. Pedro Angel Palou se valió de esta idea para deshacerse de los elementos incómodos en la Universidad de las Américas.
Todo esto nos hace preguntarnos ¿En que radíca el éxito y socorro de tales ideas?. La respuesta que se me ocurre: Su asombrosa y rotunda sencillez. Las conspiraciones nos ofrecen un mundo donde lo aleatorio es inexistente, donde el orden responde a la jerarquía de la cartera o el intelecto. En ellas nada es azar o probabilidad, siempre existe un plan, una estructura y una mente superior que ha tenido en cuenta cada aspecto posible.
Las teorías de la conspiración nos protegen contra la espeluznante e inquietante idea de que sólo somos un conglomerado de masa que deambula a la deriva en un espacio infinito que sólo responde a las leyes de la estadśitica y la probabilidad. Ponen al hombre como amo y señor de todas las cosas, capaz de manipularlo todo a su antojo y en su beneficio. Reconfortante espejismo que confirma la pequeñez de algunos espíritus humanos.
La realidad, mis amigos, es que sólo somos unas pequeñísimas creaturas que día a día se enfrentan a la a la infinita vastedad de nuestro entorno que ha sido fuente a través de los milenios de una ansiedad de la misma proporción.
¡Pero shhhhhhhhhhht que el mundo nos está vigilando!
Nota: Este parece ser uno de esos formidables casos en que la naturaleza imita al arte y en un espectacular gesto de ironía nos hace juguetes de las más torcidas bromas de negro humor que Dios, ¡ese bromista!, nos juega para su más enfermiza delectación. ¿Acaso somos victimas de una conflagración?. Jajajajajaja. Veamos que pasa la semana próxima.
Cuarenta días antes de la Cuaresma un espasmo teatral que va desde Venecia hasta Nueva Orleáns, de Río de Janeiro hasta Huejotzingo inunda las calles con huehues, favelados, arlequines, flambeaux y drag queens. Ya sea en crewes, jantetelcos, blocos o compagnie de la calza el statu quo se razga mediante una explosión de emperifollada permisividad.
Sociedad vuelta al orígen, que olvida sus prejuicios y divisiones. Transgresión y transmutación indecente, festiva, orgiastica. Desenfreno etílico, indiscriminado sex appeal. Muerte y vida, sacralidad y libertinaje encarandose en voluptuosa liturgia atemporal.
Confusión de los contrarios: máscaras que exhiben, monjas lujuriosas, prostitutas recatadas, cargadores entacuchados, empresarios serviciales, indignos digantarios. Nada es lo que parece, todo parece lo que no es. Profilaxis societal por exfoliación fluídica, dancística, musical, ritual.
Fruición horizontalizante, democratización vía la juerga, beatificación por el exceso. Fantasía hecha normalidad, extático voyeurismo exhibicionista. ¡Ay Carnaval de mis amores!, ¡Ay carnaval de mis resacas!, ¡Ay carnaval de mis sorpresas!,¡Uy carnaval de mis tragedias!.
Derroche moral y pirotécnico que se extingue entre brazas y cenizas de miercoles en la frente y abandono carnal por indigesta animadversión. ¡Ay mamá que arrepentido, no lo vuelvo a hacer hasta que lleguen los carnavales!