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Sunday, February 7, 2010

La marca

El día era magnífico, el sol brillaba, el cielo: claro e intenso. La mañana entraba toda por la ventana y se posaba tierna sobre un cuerpo sin vida con expresión de beatitud. Julián había decidido terminar con la angustia. Se encontró este manuscrito a su lado:

Nacer supone el ensanchamiento angustioso y desesperante del mundo; que se nos presenta vacío e inasible. La única fuente de consuelo es entonces el lazo físico con el envoltorio anterior: la seguridad uterina. El violento corte del cordón umbilical es la escición inaugurada, el comienzo del desgarramiento esencial de la conciencia. La vida, desde ese momento, será el incesante intento de recrear las condiciones prenatales, el tiempo, como dice Paz, ahora nos abraza y es el cuchillo de la separación, su paso es el lento beso de la muerte.



Ombligo:
herida primordial
marca de los condenados
cicatriz del paraíso perdido
promesa de la felicidad que se marchó
principio irreparable de la soledad
recoradtorio perenne de la escisión

El reporte de la necropsia de Julián termina con una nota:

Después de buscar meticulosamente por toda el área abdominal, no se encontró evidencia alguna de la existencia de ombligo, ninguna marca, ninguna cicatriz.

Monday, March 2, 2009

Carnal Abandono

En el mismo mes en que los muy paganos romanos celebraban la fiesta purificadora de la Februa, la muy beata cristiandad católica celebra las carnestolendas. Irónica reiteración del pasado mediante su negación, ya que en teoría se abandona el apego a lo carnal, y que en práxis sólo se consigue mediante su catártica banalización.

Cuarenta días antes de la Cuaresma un espasmo teatral que va desde Venecia hasta Nueva Orleáns, de Río de Janeiro hasta Huejotzingo inunda las calles con huehues, favelados, arlequines, flambeaux y drag queens. Ya sea en crewes, jantetelcos, blocos o compagnie de la calza el statu quo se razga mediante una explosión de emperifollada permisividad.

Sociedad vuelta al orígen, que olvida sus prejuicios y divisiones. Transgresión y transmutación indecente, festiva, orgiastica. Desenfreno etílico, indiscriminado sex appeal. Muerte y vida, sacralidad y libertinaje encarandose en voluptuosa liturgia atemporal.

Confusión de los contrarios: máscaras que exhiben, monjas lujuriosas, prostitutas recatadas, cargadores entacuchados, empresarios serviciales, indignos digantarios. Nada es lo que parece, todo parece lo que no es. Profilaxis societal por exfoliación fluídica, dancística, musical, ritual.

Fruición horizontalizante, democratización vía la juerga, beatificación por el exceso. Fantasía hecha normalidad, extático voyeurismo exhibicionista. ¡Ay Carnaval de mis amores!, ¡Ay carnaval de mis resacas!, ¡Ay carnaval de mis sorpresas!,¡Uy carnaval de mis tragedias!.

Derroche moral y pirotécnico que se extingue entre brazas y cenizas de miercoles en la frente y abandono carnal por indigesta animadversión. ¡Ay mamá que arrepentido, no lo vuelvo a hacer hasta que lleguen los carnavales!

Friday, January 16, 2009

Das Wort

Presuntuoso, inclinarse sobre tí

con la vana pretensión de poseerte

Jactancioso, estirarse hacia tí

con la cruel convicción de no aprenderte

Aturdido, contrariado, replegarse,

descubrir:

Es inasible lo que no pude decirse

Monday, December 22, 2008

El Contador de las Horas

Línea uno del metro. Mercado de la merced. El subterraneo anuncia su llegada, el tufo de los neumáticos se deja sentir en toda la estación, acompañado de el chirriar de las balatas de los viejos vagones anaranjados. Las puertas de abren en una explosión de gente con grandes maletas, señoras regordetas con canastas y chamacos, ambulantes con mochilas parlantes, mendigos enceguecidos, dependientas de mercerias y puestos del mercado y alguno que otro turísta despistado. Justo después de vomitarlos, el gran gusano se atraganta de nuevo con una nueva carga de lo mismo. Al entrar al último vagón se puede ver a un hombre que no sobrepasa el segundo lustro de la tercera decada sentado en la butaca de los minusválidos, perdón de los que tienen capacidades diferenciadas ¿O diferentes?, no me acuerdo.


Seis treinta de la tarde es la hora que da su reloj. Él lo mira con estúpida veneración. De su cuello cuelga una gruesa cadena de oro blanco, tan ostentosa como su reloj. Justo después de mirarlo adopta la actitud ausente del que nada piensa, simplemente se deja llevar por los tuneles del subsuelo de la ciudad central.


-¡Carajo!, ese pendejo tiene la ciudad hecha un desastre, de nada le sirve la pinta y el apellido elegante, al final sigue siendo un pinche naco del PRD.


Sonido de Blackberry.


-¡Bueno!, si digame doctor Requena, aja, mmm, sí sí, lo envíe al correo electrónico de su asistente. Aja, bueno bueno doctor debe usted tener en cuenta que la situación en los mercados financieros es de excepción en estos días, ya ve que hasta los mejores brokers han tenido pérdidas millonarias y luego el fraude de Madoff, es una suerte que nosotros seamos tan prudentes en el manejo de las cuentas de nuestros clientes, nuestras pérdidas han sido de las más moderadas. No, no señor Requena no se exalte, mañana mismo le hago una visita y le explico bien el origen de todo esto. Doctor, cuando usted firmó el contrato estaba conciente de que había riesgos grandes, no no, entienda...Bueno no tiene caso, mañana a las dos comemos en el Entremar, ¿Le queda bien?, ¡Ok perfecto! Mi secretaria hará las reservaciones. Entonces hasta mañana a las dos.


Otra vez sonido de Blackberry. Ahora aviso de e mail.


-¡Puta Madre! ¡Main Street de nuevo se cayó¡ ¡Carajo!


Blackberry, llamada.


-¡Hola nena! Si ya voy para allá, ¿no ha llegado nadie?. Que bien, estoy atorado en Masaryk, el tráfico está infernal. Si, ¿que me dijiste que comprara? Aja, dos de Carmenere y dos de Gewurzt Traminer, si si, en cuanto vea una Europea, ¿Queso? Si ¿Te late un Comte? Ok, Gruyere y un par de chapatas, si si.¡Oye! ¿Te acuerdas que te platiqué del pendejo de Requena?, si, el que perdió dos millones por invertir en un hedge fund que estaba dando redimientos altísimo y que parece que estaba invirtiendo con el del fraudotote, bueno eso él no lo sabe, no se lo dije. Me llamó, está como loco porque de ahí estaba pagando la hipotéca de su pent house en Punta Diamante, ¡Viejo pendejo!, mientras le dejaba tanta lana ni me llamaba, estaba bien feliz, si yo le dije que era riesgoso, ¡Claro! Y lo peor es que su esposa no sabía que estaba jugandolo en la bolsa. Otra cosa, ¿Ya le pediste a tu papá la casa de Valle? No se te olvide, ya quedé con Majo y Santiago, si ¡hazlo ya! si no vamos a quedar en ridículo, ¡ahh! Y también ya quedé con los Gómez Montes que van a estar el fin ahí y nos invitaron el domingo al Yatch Club. Bueno, tengo que colgar, un beso, ¡Te amo!.


Su aspecto era muy extraño, la cadena y el reloj contrastaban macabramente con su pinta. Llevaba mucho tiempo si bañarse, sus pantalones tenían manchas de grasa por todos lados y las valencianas raídas, su camiseta, un día blanca, lucía una rajada desde el cuello hasta la axila derecha y dejaba ver su peludo pecho. Su mirada perdida en el andar del metro por los túneles, tenía una mueca infantil que se volvía más sombría y estúpida cuando miraba su reloj que giraba en su muñeca porque le quedaba grande. Todo acentuado por la maniática regularidad con la que veía la hora.


Siguió hasta Tacubaya, ahí bajó y tomó el tren con dirección hacía El Rosario, los vagones estaban repletos y el calor era insoportable, en esa línea se podían ver ahora muchas personas vestidas con ropas formales, jovenes caras de hastío y un mayor número de turistas confundidos todos entre los acordes de un corrido de los Tigres del Norte:- Soy el jefe de jefes señores, me respetan a todos niveles...-


Después de quince minutos de buscar estacionamiento, bajó y caminó hacia la Europea de Arquímedes, había muchísima gente, era viernes de quincena.


Afuera de la estación de Polanco había grandes filas de empleados vestidos con trajes baratos esperando microbuses o taxis, los puestos vendían tacos de nana, buche, lengua, macisa y surtido, la circulación pór Homero era lenta y tortuosa. Caminó derecho por Arquímedes.


Todos los días se acordaba de la tarde que llegó a México de Zoquitlan, que está a hora y media de Tehuacan. Caminó sin rumbo durante horas, no sabía ni donde estaba y las tripas le chillaban de hambre. Pero sobre todo se acuerda muy bien cuando empezó a caminar por una zona llena de tiendas con aparadores muy grandes y lujosos, nunca había visto algo como eso. De repente lo vió, era el reloj más bonito que había visto, grande dorado con una coronita en la carátula. Estuvo horas delante de la estantería, hasta que cerraron la tienda, esa noche durmió ahí tirado en el piso soñando con el reloj.


-¡Que tedio! No es posible que estos ineptos no tengan Gewurzt, para la próxima me voy al Palacio de Homero. Ya es súper tarde, Sofia me va a matar.


Su reloj marcaba las siete cuarenta de la tarde.


Eustacio se sentía muy feliz, y caminaba mirando su reloj con su expresión de idiota, pero ahora estaba mezclada con la fascinación del primer día que lo vió. Caminó hasta el bosque de Chapultepec y por ahí se tumbó a mirarlo, ahora sin el aparador de por medio.


Eduardo fue encontrado muerto entre chapatas y botellas de Carmenere, no le faltaba nada. Lo más extraño fue que su Rolex GMT Master II había sido remplazado por un Omega Constellation de cuarzo que no era de su talla.

Sunday, November 2, 2008

Aforismo II

Se habrá de llegar a Dios por las matemáticas, ya que son las notas de la armonía del universo.

Tuesday, October 21, 2008

Inmpudicia

Entre risa e inmundicia
La muerte se me abalanza,
En ensueño de amor
Y de impudicia

Entre humores de alcohol
El sol se esconde
Dando paso al calor
¿Quién sabe donde?

Este es uno de hace unos añitos que me encontré por ahí.

Wednesday, October 1, 2008

Le dije que la luz del otoño me parecía muy rara, que me daba la impresión de que los días eran menos reales, como si se tratara de una larguísima y melancólica pelicula. Frunció el ceño y me dirigió una mirada desdeñosa, llena de incomprensión.

Miró hacia el centro de la mesa, había una canasta con un melón a punto de pudrirse y me dijo: ¿Por que no has picado ese melón? ¿No ves que se está echando a perder?

Esa es la forma en que desacredita todo lo que piensa que es inútil o estéril. A ella siempre le ha parecido ridículo que dedique tanto tiempo de mi día a la contemplación. Ella, como casí toda la modernidad cree en el ocio productivo.

Recuerdo el día que le recité un poema japones que iba así:

Aferrándome
A la preciosa vida
Miro al cielo en lo alto
El sol brilla
Y mi cuerpo está pálido

¡Hagamos tiempo
Para el ocio!
¡Y vivamos
Un día
Como si fueran dos!

Río sonoramente y espetó: Que idea tan estúpida, vivir un día como si fueran dos; la vida es demasiado corta para desperdiciarla en la inacción. Es por este tipo de cosas que piensa, como él, que mi vida se va en futilidad y derroche. Para ellos pensar es equivalente a la inacción y yo llevo meses pensando.

Por su parte ellos viven sin pensar, de arriba a abajo, de un lado para otro. Los veo en sus ratos de ocio y no pueden parar, se enfrascan cada día en un frenesí de actividad sin sentido. Apenas tienen un segundo para asimilar sus circunstancias y digerirlas, y entonces lo desperdician dándose más tareas y quehaceres. No es raro que hace años que sus vacaciones sean momentos patéticos donde pagan cuentas, arreglan la casa, y encuentran todo tipo de tareas ingratas y desagradables.

Es por esto que hoy las cosas con ellos han sido insoportables. Él me miraba de lado, se sentía una tensión muy parecida a aquella que hay entre desconocidos que comparten la mesa por primera vez después de un largo viaje o alguna actividad extenuante que les ha causado mucho apetito. De repente en la fuente queda un último trozo.

Todos saben que está ahí, todos lo miran de reojo, todos simulan que lo ignoran, que no les importa en lo más mínimo. Lo cierto es que en su conciencia no hay nada que resuene de forma más aguda, más real. Sin embargo nadie se atreve. Sobre todo si los comensales se ciñen a las formalidades y las apariencias, es muy probable que el trozo se vaya al desperdicio y todo el mundo se quede con el hoyo en el estómago muy lleno de disimulo.

En nuestro caso no era la formalidad o la hipocresía, se trata ba del hartazgo, de la absoluta certeza de que quien se atreviese a romper la calma tensa le caería encima todo el montón de mierda que contenía. Él, desde hacía unos años, rehuía pertinazmente a este tipo de momentos, así que no tomó la iniciativa.

Sin embargo ella si lo hizo. Preguntó aquello que yo llevaba días esperando que preguntara. Contuvo su tono y la formuló con cuidado, cosa por demás inútil porque yo sabía todo lo que había detrás de la pregunta, toda la cadena de hechos incomprensibles y hasta ridículos que llevó hasta ese momento culminante. Mi impaciencia por que esto pasara era rayana en el delirio y por lo tanto cuando escuche la pregunta, me deshice en las palabras que construían la respuesta estructurada durante mis largos ratos de reflexión. La sola pregunta, evocó en mi mente toda la situación que la rodeaba y simplemente la respuesta estalló violenta y furibundamente entre mis dientes y mi lengua.

Obviamente ella respondió de la misma manera, pero como siempre su razón cedió ante sus impulsivos y arrebatados sentimientos, cancelando con ello cualquier intercambio de argumentos, agitado y violento, pero inteligente. Espetó una retahila de frases sin sentido, sin ninguna relación lógica aparente. Sin duda eran todos esos pensamientos indigestos, que nunca se dió él tiempo de procesar, que al salir sólo toman la forma de vomitada. Después un estallido de luz enceguecedor, calma y ese sumbido en los oídos que se siente después de haber ido a un concierto muy ruidoso.

No se que pasó, llevo días caminando y sólo pienso en ¡Hacer tiempo para el ocio! ¡Y vivir un día como si fueran dos!. Me aferro a la preciosa vida. Miro al cielo, en lo alto el sol brilla y mi cuerpo está pálido.

Friday, September 19, 2008

Horal

Cual densísimos trozos de gigante roja
se atragantan en el cuello del reloj,
los minutos que se agolpan en las horas

Ante la insistencia universal de Newton
caen vencidos y pesados en mi alma

Sin cesar, sin irse, la agujeran
dejándola vacía sin remedio.

Yo tan leve, ellos tan pesados.